¡No somos delincuentes, somos homosexuales!



Por: Mg. Teresa Chara de los Rios
La Homofobia hace referencia al rechazo, fobia, aversión, odio, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales. La homofobia también se extiende a las personas que integran la diversidad sexual: bisexuales y transexuales.

Hace poco hemos visto en los medios de comunicación la forma despiadada que la policía golpeó a un grupo de jóvenes homosexuales del grupo MOHL (Movimiento Homosexual de Lima) quienes se besaban y abrazaban en la tarde de aye, sentados en la escalinata de la Catedral de Lima. Ellos hicieron una campaña contra la homofobia, denominándola “Besos contra homofobia”.

Ellos pretendieron llamar la atención a las autoridades y público en general, en el marco de las discusiones en el Congreso sobre una Ley del “matrimonio entre gays” y las uniones civiles entre homosexuales. Fue lamentable ver como la policía con palos y escudos en mano, los perseguían y golpeaban. Fue muy doloroso escuchar a uno de ellos escuchar gritar desesperadamente cuando la policía lo arrastraba “¡No soy delincuente, sólo soy homosexual”.

Lamentablemente en nuestro país todavía existe un gran rechazo de la población a las minorías sexuales. No se comprende todavía que ellas y ellos son personas con derechos, dignas de respeto y aunque algunas personas no estén de acuerdo con estas parejas, debemos por principio aceptar sus relaciones sentimentales.

Muchas veces se considera a las lesbianas o gays personas “anormales”, “enfermas”, hasta “endemoniadas”, sólo por el hecho que no responden a comportamientos y costumbres de las grandes mayorías heterosexuales. Existe una gran intolerancia. He observado a parejas de lesbianas más audaces, besándose por los parques y demostrado su cariño, inmediatamente la gente que las observa las insulta y se horrorizan como si fueran una peste.

Sé que no es fácil para muchas personas aceptar estas uniones porque siempre nos han enseñado que la relación “normal” de dos personas es entre un hombre y una mujer. Se nos ha metido erróneamente en la cabeza que las relaciones entre personas del mismo sexo es “asquerosa”, “fuera de lo normal”.

Estas creencias hacen que muchas personas que mantiene una relación homosexual, oculten su amor como si fuera una cosa pecaminosa. Sé de padres de familia que lejos de apoyar a sus hijos, al descubrir sus preferencias sexuales, sienten vergüenza de ellos y optan por la forma más fácil que es votarlos a la calle, como si con esa actitud, el “problema” se resolviera.

Ante esta situación, la o el joven, quien probablemente no haya terminado todavía sus estudios, al no conseguir trabajo, terminan empleándose de cualquier cosa, o peor aún, se prostituyen y se van degradando como personas.

En el caso de las lesbianas, también pasan por lo mismo. Cuantas historias conozco de hombres que las han violado con la creencia que les va a gustar las relaciones heterosexuales y con ellos cambiaran su opción sexual.

Pienso que todavía hay mucho que trabajar en estos temas. Cambiar mentalidades de la noche a la mañana no es fácil. El Estado es un gran ausente en el tratamiento de esta problemática y lejos de ofrecer protección, utiliza mecanismos represivos como si fueran delincuentes.

Sin embargo no hay que olvidar que son personas como cualquiera de nosotros, que tienen mucho valor y dignidad para demostrar su cariño a pesar que saben que serán juzgados, golpeados y hasta asesinados. Comprender que su orientación sexual no los hace ni menos ni más. El próximo Gobierno y Congreso tiene una deuda pendiente con ellos y ellas.

teresachara@hotmail.com
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About Orlando Bravo Jesús

Blogger y periodista huanuqueño.
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1 comentarios:

Anónimo dijo...

aqui hay algo de malo por parte de los homosexuales, no debieron hacer eso en la catedral, es una probocacion directa a la iglesia y por ende a sus seguidores. haber si la señora Chara de los rios, aguante cuando un grupo de homosexuales se paren frente al jardin o a la escuela donde estudian sus hijos. el derecho de uno termina cuando empieza la del otro.