A los 128 años del fusilamiento de Leoncio Prado


Por: Luis Flores Prado

DESPUÉS DE LA BATALLA Y MUERTO EL COMBATIENTE

En Huamachuco culminó la Resistencia de la Breña. Más de un millar de combatientes peruanos ofrendaron su vida. Pocas y desperdigadas evidencias quedan del escenario una vez concluida la batalla. Qué fue del cadáver del Coronel Leoncio Prado, posterior a su fusilamiento, en ese afán hemos encontrado testimonios, el primero del Cnel. Abel Bedoya de Seijas 1, compañero de armas y amigo personal de Leoncio Prado, otra versión de un descendiente de los pocos huamachuquinos que combatieron del lado peruano, Jorge I. Peña,2 y la más difundida de Abelardo Gamarra Rondo. En ellas destaca el temple de las mujeres huamachuquinas, estoicas y exaltadas ante la muerte.

Hemos trascrito partes de los testimonios en orden cronológico, pues sería un delito, reinterpretar estas valiosas versiones.

“El domingo 8 de julio a la una de la tarde llegó una fracción peruana al cerro “pelón”, seguidamente apareció el general Cáceres con su gorra y su gran abrigo blanco, instalándose en su tienda de campaña. Un cuarto de hora más tarde un oficial chileno partió caballo a la casa de doña Feliciana Valdivia donde estaba alojado Gorostiaga y su estado Mayor con dirección al “Molino Grande”, regresando a pocos minutos a todo galope. Se oyó entonces la corneta chilena que llamaba apresuradamente a sus tropas que a esa hora se bañaban en el Rio Grande. La confusión del enemigo era evidente y comenzó a desfilar a sus posiciones del sazón. Primero salió la caballería que estaba en la casa de Manuel E Gamarra; 2º la artillería, de la casa de doña Francisca Bringas, 3º el batallón “Zapadores” de la casa de don Manuel Trinidad Cisneros; 4º el batallón “Talcas” y 5º el batallón “Concepción”, al mando del comandante Gonzáles, que ocupaba la casa de doña Trinidad Miranda. Cuando este último cuerpo estaba formado en el corredor que da a la Plaza de Armas, el Coronel Gorostiaga y su Estado Mayor bajaron a caballo a incorporarse a sus tropas. El jefe chileno se paró en la Pila a observar los movimientos de las tropas peruanas que iban perfilándose en las cumbres del cerro. Quienes vieron al oficial chileno, aseguran que su nerviosidad era tal “que no podía sostener los anteojos en las manos y las espuelas sonaban con las estriberas de su cabalgadura”. (Peña/1933)

“El mismo día martes 10 de julio de 1883, que tuvo lugar la tercera acción de armas entre los ejércitos del Perú y Chile, éste como victorioso, regresó a Huamachuco. Y como quiera que las familias estaban refugiadas por las afueras de la ciudad al saberse que el jefe de la expedición chilena coronel Gorostiaga, publicó un bando al día siguiente, o sea el miércoles 11 para que los habitantes regresásemos a nuestros hogares con toda garantía, volvimos a la ciudad.

El día jueves 12, tuvimos conocimiento que con motivo de un denuncio hecho por un cholo llamado Julián Carrión, dueño de un rancho situado en la laguna de Cushuro, que está a dos leguas de Huamachuco, traían de dicho lugar herido de una pierna al coronel Leoncio Prado, y a sus dos ordenanzas”. (Bedoya /1931)

“Cáceres fugo con algunos oficiales abriéndose pasos a balazos entre el enemigo que ya comenzaba a cercarlo. En su huida, encontró al Coronel Prado que era conducido por sus dos ordenanzas, que a la vez eran sus sirvientes, con la pierna destrozada. Le dio un caballo en el cual apresuraron su marcha los fugitivos, pero en vez de tomar la ruta seguida por Cáceres se perdieron en la puna yendo a asilarse en la casa del Indio Carrión, cerca de la Laguna Negra, a unos cuantos kilómetros de Huamachuco. Herido y falto de recursos dio su reloj de oro a Carrión para que fuera al pueblo, la casa de una señora Vásquez de quien solicitaba medicinas y alimento. El indio cumplió su misión, pero fatalmente aquella casa estaba ocupada por el Estado Mayor chileno. La presencia de soldado y oficiales amilanaron al indio, quien penetró hasta la cocina de la casa hablando con la servidumbre y luego ingreso a la sala donde la señora Vásquez se encontraba con un “peruano”. La emoción de la noticia despertó sospechas en el acompañante de la señora Vásquez, quien conociendo el reloj de Prado, por las iniciales que tenía, avisó a los chilenos. Acto continuo el indio Carrión fue flagelado cruelmente en el cuartel, hasta que declaró donde se encontraba el jefe peruano, y a las 5 de la tarde un piquete de caballería salía a tomar al héroe que entró en la ciudad en la noche –como dice la Historia- bien escoltado siendo alojado en la casa de doña Francisca Bringas. No fue, pues, el indio que más tarde fusilaron, quien delató a Prado, fue un mal peruano, un traidor…” (Peña/1933)

“Con motivo de haber estado situada la casa de mi madre la señora Manuela Malpartida vda. De Galarreta a dos cuadras del lugar donde se le fusilo al coronel Prado, tuvimos ocasión de sentir la descarga que dio fin a nuestro compatriota, moviéndonos la curiosidad, como niñas ver salir a los soldados, los que una vez alejados, previo acuerdo con mi hermana Francisca y nuestras amigas Filomena Palacios y Rosaura Olasabal, hoy de Gallarde, nos dirigimos a la casa de la ejecución. Al entrar en la primera habitación, se nos presentó a nuestra vista el coronel Prado, muerto en un catrecito, con uno de los ojos saltado, efecto del proyectil. La tacita de barro quemada y barnizada como se elaboran en la sierra, en el suelo, el plato y la cucharita, sobre el pecho.

Después de contemplar el fin de un valiente y héroe militar peruano, nos dirigimos a la segunda habitación, donde encontramos a sus dos ordenanzas también fusilados, dando ejemplo de amor patrio y lealtad a su jefe, cumpliendo con el ofrecimiento que lo hicieron de morir junto a él. Los cadáveres de Leoncio Prado y sus dos ordenanzas fueron sepultados con veneración por la patriota Dolores Cisneros Colina, hermana del mayor Santiago Zavala,…”

“Sus ordenanzas fueron Patricio Layza y Felipe Trujillo, hechos prisioneros junto con su jefe,” (Bedoya/1931)

“Pocas horas después el cadáver del héroe era trasladado en una camilla hasta el panteón. Entre los que conducían la carroza humilde se hallaba el maestro Ramírez (carpintero). El coronel joven aún, vestía camiseta, pantalón grana con vivo de oro, con una media en un pie y el otro desnudo. Presentaba el ojo derecho saltado por un balazo y la pierna destrozada en el combate. Cuando este sencillo cortejo fúnebre llegaba al panteón la señora Carmen Arana,( y la señora Paula Arana, su hija, ambas de las familias medianamente acomodadas de Huamachuco, y que tan perseguidas fueron posteriormente por las autoridades de D. Miguel Iglesias, sólo por el delito de haber sepultado a nuestros héroes, de haber hospedado a los defensores del principio constitucional y de haber manifestado simpatías con la causa del general Cáceres(Gamarra/1983)) envió un ataúd donde fueron depositados los restos y sepultados al costado derecho del panteón. (Cerca del nicho del coronel D. Gaspar Calderón, huamachuquino y benemérito a la Patria en la época magna. ) 3

Más tarde cuando el general Cáceres fue Presidente de la Republica envió una comisión encargada de recoger los restos de los héroes del 10 de Julio. En ella iba el Coronel Borgoño, el señor Pedro Silva (hijo del General Muerto en Huamachuco) y el poeta Carlos Amézaga con otros oficiales. Se asegura que solo sacaron los restos del General Silva que fue identificado por la levita que usaba y por las cartas y tarjetas que su hijo reconoció. Y los de Leoncio Prado que fue reconocido por el pantalón grana con que se sepultó; quizá si los demás restos no correspondían a los oficiales muertos en batalla. Llegados a Lima fueron depositados en la Cripta de los Héroes en donde hoy descansan. ”(Peña/1933)


Fotografías de homenajes al coronel Leoncio Prado Gutiérrez


Distribución de la casa de Francisca Bringas, cuartel de la Artillería chilena y el lugar donde fusilaron al coronel Leoncio Prado, plano diseñado por su hijo Leoncio Prado Pacheco 1920


Esquina del cuarto donde fue fusilado Leoncio Prado - Foto febrero 1928

Primeros homenajes a Leoncio Prado en Huamachuco. Se aprecia los estudiantes portando fusiles breñeros y con la bandera cubana, al fondo la imagen del coronel.


Ofrendas al santuario de la inmolación de Leoncio Prado por su hijo Leoncio Prado Pacheco (3) y su primo Jorge Prado (4) acompañan Miguel Ángel Pacheco (1) Luis Gamio (2) Carlos Valderrama (5)

Conmemoración del Fusilamiento del Coronel Leoncio Prado. Se aprecia el primer bronce en su homenaje que lucía en la antigua Municipalidad de Huamachuco, debajo de ella la Bandera Peruana que Abelardo Gamarra la trajo de vuelta de Santiago de Chile. A la izquierda su hijo, Leoncio Prado Pacheco, a la derecha un cadete.


Uno de los últimos homenajes al coronel Leoncio Prado Pacheco, donde participo ya anciano su hijo Leoncio Prado Pacheco. Se aprecia el monumento dedicado en su memoria, y el esmero en el diseño del ornamento.

UNA MADRE QUE BUSCA A SU HIJO EN EL CAMPO DE BATALLA


En Huamachuco floreció también el heroísmo de la mujer, en esos días crueles y sombríos. Después de la batalla los cadáveres quedaron abandonados en el campo como pasto seguro de los cerdos. La tarde aquella al oscurecer, la señora Eulalia Colina, viejecita ya, vestida de negro y alumbrándose con un farolito en compañía de su pequeña sirvienta, recorrió todo el campo, en busca de su hijo el glorioso Mayor Santiago Zavala. En la inquietud caliginosa de esa noche fúnebre y terrible, las dos mujeres diríase que eran sombras fantásticas por la pampa tenebrosa donde aún se oían los gritos de agonía, donde aún las humaredas de tragedia envolvían el aire. Después de andar volteando cadáveres llegó hasta la “Calzada“, donde encontró a su hijo que había muerto pistola en mano. Llena de emoción, desafiando la furia de los enemigos que se entregaban a toda clase de exacciones, envolvió e cadáver de su hijo en la bandera y lo trasladó a su casa. Diríase que aquellos malvados, hambrientos de venganza, sintieron respecto por la anciana. Aquellas almas oscurecidas que habían perdido los sentimientos de piedad, tuvieron un destello de misericordia inclinándose reverentes al paso del héroe vencido…

*Poema de César Vallejo Mendoza.
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1 “Algunos compatriotas dudando no ser cierta la manera como tuvo lugar la muerte del valiente coronel Leoncio Prado; por publicaciones hechas, aseveran fue asesinado por un oficial chileno, de orden del jefe expedicionario coronel Alejandro Gorostiaga. Como tal versión desvirtúa en un tanto la muerte heroica de mi querido compañero coronel Prado. En mi condición de actor en las acciones de armas que tuvieron lugar en los días Domingo 8, lunes 9 y el Martes 10 de julio de 1883 en Huamachuco, habiendo sido las dos primeras victorias, es mi deber como peruano poner en claro la duda o error en que están los referidos compatriotas. Y no sólo esto, sino que cuando se escriba la historia del la Guerra del Pacifico, que ya no existiremos los pocos sobrevivientes, no se falsee la verdad. ”

2 “No va aquí una fábula, tampoco va una leyenda. Esta crónica la trazó con los recuerdos de una conversación familiar que aún queda en mis oídos, con los relatos de uno de los míos que fue testigo de aquel escenario sangriento y heroico. ”

3 Gamarra 1983

Bibliografía.

Bedoya de Seyjas, Abel 8 de Julio de 1883 Batalla de Huamachuco Veracidad de como fue la muerte del Cnel Leoncio Prado. LA SANCIÓN – CALLAO 28 DE JULIO DE 1931

Peña I. Jorge Una fecha:”10 de Julio. - Un Pueblo: “Huamachuco”. - Un Nombre: “Leoncio Prado” – LA INDUSTRIA TRUJILLO 10 DE JULIO DE 1933.

Gamarra Rondo, Abelardo “La Batalla de Huamachuco” Universidad Nacional Federico Villarreal Comisión Centenario de la Batalla de Huamachuco Lima 1983
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About Orlando Bravo Jesús

Blogger y periodista huanuqueño.
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