Belleza en lugar de ceniza


Por: Mg. Teresa Chara de los Rios

El “abuso” se puede definir como “mal uso”, “uso indebido”, “excederse”, “propasarse”, “atropello”, “hacer uso excesivo de una cosa en perjuicio propio o ajeno”.

El abuso puede ser físico, emocional, económico, sexual. Con estos términos inicio este artículo para referirme al abuso infantil.

Joice Meyer ahora famosa, exitosa y millonaria mujer, con una gran belleza física pero con mucha más belleza espiritual, escribió en su libro “Belleza en lugar de Ceniza” una parte de su vida en la que fue abusada sexual, física verbal y emocionalmente desde que tuvo memoria hasta los dieciocho años de edad donde decide irse de casa.

Ella comenta que al escribir este libro no es dar su testimonio al detalle, sino que quiere dar una pequeña versión de su trágica experiencia para que el lector sepa lo que significa estar herido y ella le pueda mostrar como recobrarse.

La historia que cuenta, es decir, su historia, comienza diciendo que sus experiencias vividas en la niñez de ninguna manera son para degradar a sus padres porque ella ha aprendido que la gente herida también lastima a otros.

Debido al maltrato sufrido en su casa, tuvo mucho miedo en su niñez. Su padre la controlaba con ira e intimidación. “Nunca me forzó físicamente para que me sometiera a él pero sí me forzó a fingir que me gustaba lo que me hacía y que quería que me lo hiciera. Creo que mi incapacidad para expresar mis verdaderos sentimientos por lo que pasaba conmigo y ser obligada a actuar como si me gustara, me dejó marcada con profundas heridas emocionales”

“Las pocas veces que intenté hablar con honestidad acerca de la situación, fue devastador. La violenta reacción de mi padre - despotricando y regañando - fue tan atemorizante que aprendí rápidamente a hacer lo que él decía sin ninguna objeción.

“El miedo era mi constante compañero: miedo a mi padre, miedo a su ira, miedo a quedar expuesta, miedo a que mi madre descubriera lo que pasaba, miedo a tener amigos”.

En el libro Joice Meyer sigue contando pasajes de su vida en la que fue abusada por su padre y también cuando su madre se entera finge no saber nada y por último abandona la casa dejándola a merced de los bajos instintos de su padre.

Lo interesante de este libro es el proceso de recuperación espiritual y psicológica que ella tiene a través de su esposo, quien en su dedicatoria le agradece que le haya mostrado no solo su amor de hombre, de pareja, sino principalmente el amor a Dios. Le agradece también por haberla dejado ser ella misma, aún cuando no era muy agradable.
Le da las gracias por haber sido paciente y positivo y por haber confiado en que Dios la cambiaría, aunque parecía imposible.

Así como Joyce hay miles de niñas y niños que son víctimas de abuso sexual por parte de sus padres o padrastos. Así como Joyce hay muchas madres que conocen de esta situación y prefieren hacerse de “la vista gorda” con tal que su pareja no la deje, aún cuando para retenerlo tenga que consentir el abuso a su hija o a su hijo.

La vida me ha enseñado que muchos abusos sexuales infantiles prevalecen porque las madres o familiares no les creen a las y los niños, quizás porque tienen miedo enfrentar esa dura realidad o porque piensan que los niños mienten. Por eso es importante creer en ellos, por más increíble que parezca la situación, si sus propias madres no les dan confianza ¿A quién van a recurrir? Debemos estar alerta y actuar inmediatamente ante el menor indicio. Nuestros hijos merecen una vida digna, llena de amor y lejos de esas personas que lejos de brindarles protección abusan de su inocencia y su indefensión. No seamos cómplices denunciemos el abuso sexual infantil.
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About Orlando Bravo Jesús

Blogger y periodista huanuqueño.
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1 comentarios:

Eva Lucero de Ortega dijo...

Muy buen comentario, amiga.
Coincido en que debemos sacar a la luz las situaciones de abuso sobre los niños. La emocional y la físca.
Pero sobre todo hay que pensar en maneras de contrarrestar las acciones de los adultos que alejan a los pequeños de los "años de la inocencia" como décía Juan Pablo II.
El niño tiene que ser preservado de todos esos males, porque los años de la infancia son tan pocos y deben ser lo suficientemente felices para que, la llegar a la adultez conserven al niño interior alegre, puro, feliz, contenido, porque "de ellos es el reino de los cielos".
Cordialmente.
Eva Lucero de Ortega
Buenos Aires
Argenina